Monday, January 30, 2012

En busca de la militancia perdida...

La imagen documental ¿registra o construye realidad?. El cine ¿sólo reproduce y aliena o logra profundizar nuestro conocimiento del mundo? Las imágenes, hoy, ¿sólo son un flujo hipercodificado, o a ratos, ellas, logran establecer “roces con lo real”, quebrar ciertos órdenes, abrir nuevos sentidos?

Todas estas preguntas surgen al volver a pensar las relaciones entre aquello que consideramos “militancia”- política, social- y “cine”. Y aunque los marcos parecen ser distintos hoy si nos ponemos a pensar la larga y extensa discusión producida por estas discusiones en las décadas del ´20 (en el marco de la revolución soviética y la primacía del montaje) y el ´60 (el cuestionamiento de los modos institucionalizados del cine en el marco del surgimiento de los “nuevos cines”), la verdad es que una y otra vez volvemos al mismo nudo ciego que encuentra al cine, y la producción de imágenes en conflicto entre su función social y las necesidades políticas, entre la autonomía de su lenguaje y un contenido explícito que debe transmitirse.

Militancias.

El concepto de “militancia” en ese sentido, y de “cine militante” en particular encumbrado hacia fines de la década del ´60, encontraba, en este punto, un álgido debate a lo largo de occidente, cuyas diversas revueltas se cristalizan en Mayo del 68: filmes como “La hora de los hornos” (Pino Solanas); “79 primaveras” (Santiago Álvarez); “Viento del este” (y todo el trabajo del colectivo Dziga Vertov); “Loin de Vietnam” (bajo la firma de diversos autores, y producido bajo colectivo SLON), entre otros, dejan rastros- un poco antes, un poco después- de este debate. Pasaba, aquí, por un rechazo a las estéticas “estatales”- devenidas en realismo stalinista y cine de propaganda- y por otro al cine-espectáculo, ligado a la cultura de masas y el cine de género. Hacia fines de esta década no bastaba con “mostrar el conflicto social”, si no “filmar políticamente” el conflicto social. Esta formación- más radical y experimental- contrastaba por un lado con otros discursos de izquierda, en la línea de Costa Gavras o Gillo Pontecorvo, Helvio Soto para quienes se trataba de utilizar la narración clásica, o las herramientas del cine espectáculo, para promover una denuncia con contenido político, desde una perspectiva didáctica para “el pueblo”. Es esta perspectiva didáctica que la vanguardia militante rechaza, y encuentra, en las bases del cine soviético – Eisenstein/ Vertov/ Medvedkin- las premisas de un conflicto que compromete tanto la “forma” y el “fondo”: no basta con el agit prop, no basta con la didáctica, se debe promover una revolución dentro del lenguaje cinematográfico, en palabras de Godard “rojo” : filmes hechos políticamente y no filmes políticos con sentido utilitario…que no se resuman en el discurso político que reivindican, si no por una forma que organiza lo real cinematográficamente en nombre de un punto de vista sobre las luchas (…) apostando a la complejidad no al slogan”.

Dentro de formaciones más específicas aún, como podría ser “el nuevo cine latinoamericano”, también existen disidencias y diferencias. Aunque se trabaja de pensar el rol del cine en el marco del cambio social latinoamericano, la estética “de agitación”, aún así, de montaje discontinuo y constructivo, con zonas vastamente experimentales, como podría ser la marca de un Littin, un Sanjinés o nuevamente Solanas, dentro de ella, se encuentran las demandas “míticas” de un Glauber Rocha en su “estética del sueño” en abierta polémica con Solanas; y más cerca, la huella contradictoria, paradojal, del cine de Raúl Ruiz en su período UP, para quien, no sólo pasaba por mostrar el conflicto, si no, buscar una forma cinematográfica para mostrarlo; llevando al fin de sus experimentos de la época con “Realismo Socialista” (1973) y estableciendo un epílogo en “Diálogos de exiliados” (1975), ambos filmes de des-marque. Sus propuestas habían sido tildadas de elitistas e incomprendidas, y empieza aquí otro fascinante recorrido de su obra.

Un texto muy posterior, del cineasta cubano Tomás Gutierrez Alea “Dialéctica del espectador” habría tendido a darle la razón a algunos planteamientos del Ruiz “contradictorio” y “paradojal” de esta época, en los esfuerzos que tuvo por hacer un cine “conflictivo” del “conflicto”. Para Ruiz, como para Gutierrez Alea, el rol del arte es cuestionar lo establecido, lo cristalizado, ir más allá de la didáctica para mostrar las contradicciones.

Pluralidad

Lo que importa señalar, más que adoctrinar o hablar a favor o en contra, es establecer un panorama de “discusión generalizada” sobre la naturaleza de la forma cinematográfica y la forma que tendrá de vincularse con su entorno social. Y es esa ramificación de pluralidad estética- que puede alimentarse hoy del cine de ficción, el cine experimental, el video arte o la cultura digital- es también lo que constituye la verdad “no esencial” del cine.

Imágenes que interrogan, y desnaturalizan, que toman conciencia de su aspecto constructivo, que reniegan de tal o cual “modo de narrar”; que se asumen políticamente en la crítica ideológica.

Los contextos y los medios son distintos. Posiblemente hemos pasado del fin de una cultura de masas, al comienzo de la era digital, con perspectivas totalmente diferentes de producción y circulación de debate: de los grandes espacios a la revolución molecular, alimentada desde plataformas sociales y tecnologías compartidas. Posiblemente el “cine” hoy sea una entelequia, y la realidad tecnológica ha superado con creces a los modos clásicos de narración- la crítica a la “cuarta” pared cinematográfica fue devorada por el pastiche posmoderno a la Tarantino- ; pero esa creciente reflexividad de la cultura visual, no exhime a la construcción de una esfera densa, compleja, sobre los modos naturalizados de representar lo social en las imágenes; o el de buscar una pausa reflexiva y crítica en el incesante flujo de información. El desafío, hoy, más que nunca, es encontrar los modos políticos de representar y crear ; re pensar los modos del nombrar y el mostrar; re imaginar creativamente los recursos audio-visuales al momento de querer mostrar una realidad; finalmente, enfatizar los puntos de vista- contenido y forma- en lo que hoy podemos llamar “guerra contra la información”: zonas “temporales” de disenso, que aprovechan políticamente los contextos de movilidad social. Aún hoy, la pregunta no deja de estar en el centro “qué” (decir) y “cómo” (mostrar).

Wednesday, January 18, 2012

laFuga.cl actualizada/ Índice Verano 2012/ Dossier: Duplicadores y Falsarios


Dossier: Duplicadores y falsarios.

Cine y autenticidad histórica. Una aproximación a A zed & two noughts. Por: Antonia Goycoolea.

La sobrevivencia de las imágenes. Originales, falsos, dobles y versiones en los archivos fílmicos.. Por: Roberto Reveco.

Ver la parte y completar el todo. Por: Mauricio Claro

La fuerza de lo falso en el cine de Jia ZhangKe. Por: Patricia Sequeira Brás

Suponiendo que la verdad sea una mujer. Por: Icaro Ferraz Vidal

Documental y retórica en Jogo de Cena. Por. Yanet Aguilera.

Nicolas Winding Refn. Movimiento en falso. Por. Ricardo Adalia Martin.

Lacuesta en fuga. Por: Alejo Janin

Rapsodia: Despertar. Por: Ricardo Greene

Contenido General

Artículos

Tratamiento del Lumpenproletariado en el cine de Avant-garde. Por. Nicole Brenez

Post-mortem, La Muerte de Pinochet y Violeta se fue a los cielos. Sujetos monumentales y representación anómala en el cine chileno actual. Por: Pablo Corro P.

Resplandores. Narraciones de la mercancía en el cine chileno contemporáneo. Por: Iván Pinto Veas.

De Rocha a Ruiz. Alegorías y hermetismo en los ajustes retóricos del Nuevo Cine Latinoamericano. Por: Macarena Cádiz

Rodrigo Maturana: en busca del videasta perdido. Por: Susana Díaz

Triple close up en Misterios de Lisboa. Por: Cristina Álvarez López + Declaración de Raúl Ruiz sobreMisterios de Lisboa.

Un arte de intervalos. El cine según Jacques Ranciére. Por: Raquel Schefer

Discusión: Crítica y cinefilia. La cinefilia: un arma para la legitimación. Por: Bruno Péquignot / Crítica e ideología. Transformaciones en torno a la política de los autores. Por: Andrea Lathrop / ¿Hay vida después de la muerte? Un debate sobre el cine y la crítica. Por: Elena Valderas Fernández. / Mutaciones críticas. Sobre Mutaciones del cine contemporáneo. Por: Carlos Rodríguez.

El cine 3 D. Su imprecisión, desengaño y decepción. Por: Camila Rioseco.

La Piel que Habito. Almodóvar y los géneros. Por: Eduardo Nabal

Ginecidio y Anticristo (y el devenir femenino del capitalismo identitario). Por: José Luis Brea

Entrevistas: Alan Pauls, François Caillat, Jay Rosenblatt, Amos Gitai, Bruno Péquignot, Marie Loisier, María Paz González, Martín Seeger, Paulina del Paso.

Cine Chileno: Perro Muerto, Mapocho, La Muerte de Pinochet, El año del Tigre, Violeta se fue a los cielos,El mocito, El edificio de los chilenos, Piotr

Libros: El Novísimo cine chileno, Aventura del cuerpo. El pensamiento cinematográfico de Raúl Ruiz, 120 Historias del cine,

Monday, May 02, 2011

laFuga.cl actualizada/ Índice Abril 2011/ Dossier: Interiores. Cine y subjetividad




Estimados amigos y lectores:


Junto con saludarlos, les informamos que el nuevo dossier Interiores: cine y subjetividad se encuentra en línea.

En él hemos incluido análisis de diarios filmados, road movies sentimentales, documentales políticos personales, rincones íntimos en el cine de ficción argumental, y ensayos visuales.


A su vez, hemos actualizado las secciones de contenido general, entrevistas y reseñas.


Por último les contamos que hemos hecho un rediseño general de la página, que incluirá algunas novedades.


ÍNDEX ABRIL 2011


Dossier: Interiores. Cine y subjetividad.


Mensajes en una botella. La intimidad y algunos niños en el cine argentino. Por: Lorena Amaro.


Autoetnografía: Viajes del yo. Por: Catherine Russell


Reassemblage. El cine etnográfico de Trinh T. Minh-Ha. Por: Natalia Moller


Double blind de Sophie Calle y Greg Shephard. La (des) composición del romance. Por: Constanza Vergara.


Correspondencias. Sobre News from Home de Chantal Akerman. Por: Antonia Girardi.


La “mujer” que se queda en el hogar. Trastoques feministas en los videos de Saddie Benning. Por: Jorge Díaz y Cristián Cabello


Memoria y desobediencia. Una aproximación a los documentales de Carmen Castillo. Por: Elizabeth Ramírez.


Documental contemporáneo y memoria chilena. Aproximaciones desde lo íntimo. Por: María José Bello.


Visualidades de la subjetividad contemporánea. Relato biográfico y giro subjetivo en los filmes Viaje sentimental yLos actos cotidianos.

Por: Esteban Dipaola


VI-DEO MEMORIA. Autobiografía, autorretrato, autoreferencialidad. Por: Raquel Schefer.


Giro subjetivo en el documental latinoamericano. De la cámara-puño al sujeto-cámara. Por: Valeria Valenzuela.


Bagatela. Registro de los hombres infames. Por: Marcela Parada.


Rapsodia: intimidad. Por: Ricardo Greene.


Tácticas. Por: Tiziana Panizza.



CONTENIDO GENERAL.


Topografía del sujeto. Por: Michael Renov + Entrevista a Michael Renov


Poética de la transposición. El cine experimental de Kenneth Anger. Por: Andrea Lathrop


Crímenes y carreteras. La posibilidad de un road movie latinoamericano. Por: Luis Valenzuela Prado.


Glauber Rocha: Crítico y cineasta. Por: Ismail Xavier.


Los últimos serán los primeros. Notas sobre el cine de Víctor Gaviria. Por: John Beverley.


Topografías accidentales y voluntarias en el cine de Lucrecia Martel y Lisandro Alonso. Por: Wolfgang Bongers.


ENTREVISTAS


Conversación entre Claire Denis y Alicia Scherson. Por: Carolina Urrutia.


D. A. Pennebaker y Chris Hedegus. Por: Francisco Willemsun y Angela Precht


Kazuo Hara. Por: Griselda Soriano, Luciana Calcagno e Iván Pinto


LIBROS:


El cine de Raúl Ruiz. Por: Luis Valenzuela.


Apuntes para una historia del video en Chile. Por: Daniel Reyes


Crítica: El Verano de Goliat. Por: Felipe Blanco.


Agradecimientos: Macarena Úrzua, Natalia Moller, In-Edit Nescafé, Caja Negra Editora, Michael Renov, John Beverley, Andrea Lathrop

Friday, January 21, 2011

Resabios. Sobre "Vincere" y "Hierbas salvajes"



Este es un texto que hice para el numero 1 de la revista Extremoccidente, aparecida en Diciembre 2010.



Dos estrenos recientes dan cuenta de la subsistencia de las poéticas modernas del cine. En el marco de una cartelera cooptada por estrenos de las grandes majors, los estrenos deVincere (2008) de Marco Bellocchio y Hierbas salvajes (2009) de Alan Resnais, son una brisa de aire fresco para espectadores que busquen experiencias menos conducidas y programadas y más cercanas a las potencias expresivas del cine. Dan cuenta, a su vez, que los debates modernos en torno al cine y la crítica generalizada a “la cuarta pared” cinematográfica, sigue dividiendo al cine no sólo entre “poética autorales” y “cines industriales”, si no, sobre todo, entre filmes que muestran sus condiciones de producción y aquellos que la ocultan, entre cines de transparencia enunciativa y cines que la sabotean.

Resnais, octagenario resistente de la Rive Gauche y compañero de ruta de Agnès Varda, Chris Marker, Marguerite Duras y Alain Robbe Grillet, entre otros, hacia la década del cincuenta, empezó integrando la voz poética al cine documental que acompañaba un montaje en contrapunto. De esa época: Guernica (1950), con un montaje que utilizaba el collage para abordar la obra de Picasso y la ineludible Noche y Niebla (1955) que marca un antes y un después en un cine de de posguerra cada vez más pesimista con respecto al rumbo del mundo (El crítico Serge Daney lo ha llamado un cine de la “escritura del desastre”, un cine europeo que ha tomado conciencia de la destrucción). Desde Hiroshima mon amour (1959), hasta filmes como Providence (1977) o Muerte al amor (1984), sostiene una intensa reflexión sobre la muerte dando siempre al montaje y la voz mental un lugar fundamental, llegando a tildarse a su cine de “cerebral”. Sin embargo -y en una curiosa simetría con otros compañeros de época como Eric Rohmer o Claude Chabrol- acercándose a la década del dos mil Resnais habría tenido una nueva vida. On connait la Chanson (1997) marca un giro de levedad en su obra, integrando cierto guiño chic a la cultura francesa y al musical. ¿Comedia romántica? Las Hierbas salvajes (2009) reafirma el guiño chic y el retrato a la cultura francesa, con un personaje narcisista, obsesionado con una dentista, ambos llenos de soledad. Con absoluta libertad la pulsión de muerte- otra recurrencia- es reafirmada en los personajes por vía de montaje, voz off mental que se sitúa como interrupciones o retardos -ralentis y tópicos insistentes, repetitivos- a la “intriga de predestinación” propia del género argumental. Resnais juega con las expectativas del espectador, complejizando las entradas y los universos mentales de los personajes; así también, un final que radicaliza el gesto artístico deja claro el absoluto control sobre su obra, y el telón de fondo -muerte, catástrofe- de su trama argumental da a verlo como una negra, negrísima comedia de absurdo.

El caso de Bellocchio es distinto, pero comparte con Resnais un cierto espíritu de libertad, ironía y provocación. Procedente de la izquierda más radicalizada, sus filmes en el pasado han sido financiados por el comunismo italiano y el suyo ha sido un cine que ha ido sometiendo a revisión la historia política de Italia desde una perspectiva anti-estalinista y psicoanalítica. Bellocchio es compañero de rutas de Pasolini, Visconti y el debate marxista de los sesenta, siendo este un cine de convicciones poéticas y políticas. Pasolini pagará con su muerte -en un caso que aún no cierra- su provocación al poder de Saló o los 120 días de Sodoma (1975) y muchos han querido ver con su muerte el fin de una época del cine. Estas poéticas radicales, políticas, no aceptan fácilmente al cine, ya sea como herramienta de cambio o realismo social: sus poéticas necesitan violentar el cine, violentar al espectador, provocar su rechazo, hacerlo pensar. Desde ahí que la actitud neorrealista de sus precedeores -De Sica, Rossellini- sea superada para dar pie a un cine teatral, sanguinario, erótico, violento. Con Vincere de Bellocchio, nos encontramos frente a un cine operático, pero sarcástico, y que parte de un rechazo al “realismo” insípido e institucional. Desde la primera secuencia, el relato de la amante de Mussolini Ida Elser y su hijo Benito, Bellocchio utilizará la música y el montaje para exacerbar cierto sentimiento trágico y pasional, pero ahí donde Mussolini empieza siendo su protagonista -al principio pensamos que estamos frente al morbo del género biopic como La caída- el filme se concentra después en la vida de Ida y su recorrido por distintos centros hospitalarios y psiquiátricos, el rechazo por parte de Mussolini de amante e hijo. Pero junto al “drama” trágico-histórico, Bellocchio construye una revisión iconográfica del fascismo, revisando los archivos, riéndose de sus muecas, mostrando su poder seductor. A su vez, establece relaciones y críticas a la política personalista de izquierda, a las confusas relaciones entra vanguardia y fascismo (el Futurismo), y las alianzas entre nacionalismo de derechas y comunismo nacionalista en sus orígenes. Sobre el futurismo, Bellochio toma parte de su estética desaforada, épica, constructiva que hace del montaje el conductor del drama lírico, operático, excesivo.

Los sesenta parecen haber sido para el cine un sismo en cuanto a sus estéticas y políticas. Parte de las poéticas más interesantes parecen aún hoy alimentarse de esa década y sus revoluciones estéticas, las del llamado “cine moderno”. Sus vías, minoritarias hoy, parecen seguir dando fuerza al cine contemporáneo, y dan cierto sentimiento de urgencia a las agendas y programas de la crítica, la revisión permanente del destino contemporáneo de las imágenes, las vías inconclusas, las disidencias y fracturas desde un tipo de cine que posiblemente ya esté dejando de existir

Thursday, October 14, 2010

RUIZ


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Wednesday, September 15, 2010

Políticas de campo (incipientes estudios de cine)

Postular un acercamiento crítico a la construcción de un debate historizable que tanto habla de un objeto (el cine) como de su proceso de conformación.

2010 es el año en que en Chile se publicarán más ediciones sobre cine. Se suman no sólo publicaciones y antologías de UQBAR (única editorial especializada), sino también el empeño de editoriales (LOM, Cuarto Propio, Metales Pesados) a su vez tres números de revistas académicas, entre ellas el número de Aisthesis (Estética UC) dedicado a “Cine chileno y política”, y Taller de Letras UC , con un dossier sobre cine mudo Chileno impulsado por Wolfgang Bongers que analiza sus cruces con la literatura. Dos coloquios, entre 2009 y 2010, el último sobre Cine chileno y política que consideran publicaciones. Si a esto sumamos diversos empeños a nivel de crítica especializada, que incluyen Cinechile.cl, Mabuse.cl y laFuga.cl, podemos hablar una proliferación de acercamientos y análisis en torno al cine, y en especial en torno al cine chileno.

Pero lo que es más interesante aún es que lo que parece estar en juego en estos análisis son las perspectivas puestas en juego, lo que implica no solamente la definición de los corpus sino también, el debate –ideológico, metodológico, bibliográfico- que instala tanto ámbitos específicos de diálogo así como horizonte de agendas, programas, intereses.

Y es en ese marco, en definitiva, donde es posible instalar la creación de un campo de debate intelectual. Esto, que puede parecer algo obvio, no parecía tan claro en reiterados “reclamos” que de forma sintomática habrían aparecido en al menos tres artículos académicos bajo noción de “falta”. Hablamos, por ejemplo, de un artículo de Andrea Hoare escrito en 1999 donde lamentaba la falta de especialización de la crítica (pensar una crítica más allá de la "reserva impresionista del crítico cinéfilo y el historicismo del sociólogo free-lance") y más recientemente, bajo idea de precariedad- primero- en un texto sobre la bibliografía de cine chileno, y segundo, bajo la idea de demanda de una articulación especializada del campo ("Esta explosión literaria sin embargo, no implica para nada la constitución de un campo de estudios")

en otro texto , ambos firmados por la dupla de investigadores Hans Stange y Claudio Salinas y escritos entre 2008 y 2009.

Lo ocurrido durante lo que va del año no desdice lo anterior, pero si complejiza el panorama.

¿Frente a qué estamos, entonces?.

- En primera instancia, ante un florecimiento de perspectivas. Se trata de que el cine (cine chileno, en particular) parece ser de objeto de interés para los estudios humanísticos (ciencias sociales, teoría del arte, filosofía), y en ello ha encontrado sus perspectivas que van del análisis de representaciones e imaginarios sociales (la memoria reciente, por ejemplo), pasan por el análisis de poéticas cinematográficas contemporáneas, el análisis histórico o incluso su vinculación con las artes visuales.

- Segundo, ante el establecimiento de agendas programáticas, que no sólo reflexionen sobre su objeto, si no que, establecen una discusión abierta con su historización, revisando tanto la bibliografía local, como, analizando sus objetos bajo nuevos criterios metodológicos e ideológicos, buscando establecer un campo de significación –histórica, estética, política-, una renovación que implica cambios en la bibliografía, y que han establecido que no existiría un acercamiento neutral a la historia del cine chileno, si no, discursividades.

- Por último, ante la postulación de un debate abierto sobre los criterios ideológicos. Este último punto es el más interesante: establece criterios de selectividad, priorización, definiciones y sistemas de oposición. Tanto incluye puntos de encuentro a nivel de objeto, como diferencias dentro de él. Anuncia, también, debates futuros.

En definitiva: estamos ante una revisión crítica de los posibles diálogos, juicios y articulaciones teóricas entre los textos

Sobre esto último: revisando textos y presentaciones, en el marco del reciente Coloquio Audiovisual y política, así como la publicación de la revista Aisthesis con dossier “Cine y política” , incluyendo, algunas investigaciones en curso, así como publicaciones recientes, podemos intentar hacer un ordenamiento perentorio, incompleto y que no busca la determinación, si no, dar cuenta de algunos núcleos temáticos que creemos están caracterizados por este florecimiento de perspectivas, su renovación y puesta en tensión de criterios.

Cine de ficción argumental reciente. Luego de varios acercamientos de perspectiva más bien cultural, en torno a la identidad en el marco de la construcción democrática (Veáse: Huérfanos y Perdidos (Uqbar), Luz, cámara, transición. El rollo del Cine chileno, de Antonella Estévez , “La voz de los cineastas. Cine e identidad chilena en el umbral del milenio” de Mónica Villarroel (Cuarto propio) y que llegan al libro de Catalina Donoso Películas que escuchan ), algunos de los acercamientos definen y enmarcan un cierto “giro” en las prácticas, vinculando esto a poéticas personales, globalización, y cierto duelo melancólico presente en algunas de sus fábulas. Es el caso de los textos y ponencias de Carolina Larraín (enfocada tanto en la presencia de ciertos temas, como en los cambios de formato, ha llegado a denominar ciertas “retóricas del desajuste”, presente en diversas cintas chilenas recientes), Carolina Urrutia (centrada en ciertas “poéticas del malestar”, y en la postulación de un análisis más formal, estructural, en lo que podríamos llamar el estudio de una poética propiamente, y que ha llegado a hablar de ciertas “poéticas del malestar” y el “extrañamiento”) y Antonella Estévez (la presencia de un cierto “duelo melancólico” que tanto habla de una cierta fantasmática presente en ciertas cintas recientes, como su vinculación con un pasado reciente no resuelto). Se trataría, entonces, del cine como fabulador y creador de mundos, donde se imprimen subjetividades, marcadas por la globalización neoliberal.

Documental, política, memoria. Con varias investigaciones financiadas por el CNCA (me incluyo), parece ser un ámbito prolífico. Acusamos lectura y escucha de al menos 5 textos en esta línea, promovido tanto por su ámbito productivo , como por las señas que han hecho de esta zona documental características: el duelo político y el pasado reciente, la mirada a actores sociales recientes, el tinte autobiográfico/íntimo, sus relaciones con el ensayo y la vanguardia, pero también con la etnografía y la representación del “otro” cultural….pareciera ser que aquello que caracteriza los acercamientos es asumir un trabajo como zona discursiva, una analítica de las representaciones y figuras, el giro íntimo de lo político, la relación con la historia reciente, su mirada al presente democrático, dentro de algunos ejes. Bien, entre ellas, podemos señalar: la investigación en curso de Constanza Vergara y Michelle Bossy sobre Documental autobiográfico, la ponencia Autobiografías, duelo y memorias fluctuantes en la post-dictadura de Claudia Barril, el texto Estrategias para no olvidar de Elizabeth Ramírez… me parece que tienen todas en común el establecer un acercamiento cuyo telón de fondo político, se articula con líneas que van desde la crítica cultural al análisis discursivo-literario.

Cine de los 60s-70s. Revisión crítica. Impulsado en parte por dos sendas investigaciones “Teorías del documental chileno 1957-1973 (Frasis editores) e “Historia del cine experimental en la Universidad de Chile” (Stange y Salinas, Uqbar), cabe decir que existe en este momento una revisión en curso más exhaustiva del cine del período, reevaluando tanto sus categorías políticas, como analizando sus procedimientos cinematográficos a la luz de teoría del cine contemporánea. La recientemente editada antología sobre El Chacal de Nahueltoro por Uqbar sería también un ejemplo, pero podemos señalar, la revisión del cine de Sergio Bravo por Pablo Corro, la relectura de Catalina Donoso sobre el sujeto-masa en el Chacal de Nahueltoro, el análisis sobre Raúl Ruiz de Valeria de los Ríos- todas ellas en Aisthesis-, e incluso el estudio recientemente realizado por Tiziana Panizza sobre Joris Ivens, leído en el coloquio Audiovisual y política…. entre algunos textos que van por esta línea.

Una política visual. José Santa Cruz en dos textos (La política de una ausencia y Pensar una impostura política. El audiovisual en los años ochenta en Chile) ha planteado una revisión de aquellos materiales que en la década del ochenta constituyeron los acercamientos experimentales del video y el presente bajo una idea de una “política ausente”, y esto ya podría ser tildado en este momento propiamente de un programa que tiene por objetivo no sólo vincular las artes visuales, si no, desarticular la fabulación cerrada- sin contrariedad- de la ficción industrial por vía programática de la neovanguardia, desde una arqueología crítica del presente.

Economía y cultura. Por último, el análisis de Roberto Trejo, quien desde un análisis económico y político, nos hablaría de un cierto giro cultural, pero con cuya propuesta discutimos por la nula importancia que establece a los modos discursivos, y a la comprensión no compleja, sin mediación reflexiva, del objeto cinematográfico como reflejo ideológico (pronto, quizás, más detalles sobre esto).

Estas podrían ser algunas líneas de trabajo, no pretenden exhaustividad, ni demarcación, pero sí señalar la proliferación y agrupación temática.

Queda pendiente un debate más a fondo sobre una cierta fantasmática de lo político, que creemos define también parte de aquello que se encuentra discutiendo, y que me ha tenido tanto inquieto como productivo…

Saturday, August 28, 2010

Futuros cercanos. Imágenes de lo biopolítico en el cine de ciencia ficción reciente.




Este texto es una versión extendida del artículo escrito para el dossier de ciencia ficción que escribí para laFuga y fue leído en el marco del IV Coloquio Posnacional de Biopolítica, por expresa invitación de Mario Sobarzo a quien agradezco.

Durante los últimos años han surgido una serie de cintas generosas en metáforas biopolíticas.

Cintas como Código 46 (Winterbottom, 2003), Niños del hombre (Cuarón, 2006) y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Gondry, 2004) tienden a formular preguntas ligadas a la tecnociencia y el porvenir en una línea de narraciones que podemos tildar de narraciones sobre “futuros cercanos” y “probables”. En efecto, el género de ciencia ficción (o anticipación, o ficción especulativa), desde la década del ´60 habría establecido una relación diacrónica y espejeante con su presente, proyectando, por un lado, una evaluación crítica de la modernidad y su conciencia progresiva; por otro, volcando una imagen del exterior (avance territorial, conquista del espacio) hacia el interior (miedo, conciencia, subjetividad): al respecto de lo primero- el síndrome temporal de la ciencia ficción- el crítico cultural Fredric Jameson escribió que las ficciones distópicas de la ciencia ficción, sus viajes temporales nos otorgan “Un mensaje apenas audible desde un futuro que posiblemente no existirá” que hay que aprender a escuchar. Respecto de lo segundo- volcamiento interior- James Ballard, un escritor revolucionario dentro del género, escribió hacia mediados de la década del sesenta que “Los desarrollos más importantes del futuro cercano tendrán lugar no en la Luna o Marte, sino en la Tierra; y es su espacio interior, no exterior, el que debe ser explorado. El único planeta verdaderamente alienígena es la Tierra”. Visto así, las cintas mencionadas parecieran cumplir con ambos objetivos: el ser mensajes de advertencia sobre un futuro probable, y lo segundo, el someter a escrutinio los modos posibles en que la tecnociencia ha avanzado en su relación de dominio con el propio planeta tierra y con el propio hombre (Peter Slöterdijk ha llegado a hablar de “antropotécnicas”). Son metáforas concretas, “realistas”, con reflejos que destellan al presente, un presente extraño, alienado y fuera de sí.

Dividiremos en dos las líneas que cruzan estos filmes, una ligada al paradigma inmunitario y la figura del Estado; la otra a la oposición información/memoria.

Inmunidad

Niños del hombre de Alfonso Cuarón, desde una mezcla de noir y thriller político, nos muestra un mundo desolado, azotado por diversas catástrofes y pandemias, que parecen ser el fruto de la propia explotación humana al mundo, produciendo una inestabilidad general de los ecosistemas y la biósfera. A su vez, por alguna situación de carácter desconocido- una mutación, una venganza de la “naturaleza”- la especie humana es la que se encuentra en extinción, habiéndose transformado en una especie infértil, sin capacidad de procrear. Una parte del mundo parece confirmar todo lo que hoy conocemos como la Europa en decadencia: Estados en guerra con las migraciones, armamentismo, creciente conflictividad desde los movimientos sociales y un sistema de control político que pasa facilmente de la seguridad militar a la médica, estableciendo fronteras claras, excluyentes y policiales entre quienes pueden pasar de una zona “primer mundista” y quienes no.

Pablo Corro escribe aquí al respecto:

La señora James y Cuarón enfatizan en sus textos que la infertilidad desmorona sicológica y políticamente a las sociedades y que él único recurso del Estado, en este caso el Británico, para preservar la institucionalidad, es imponiendo un régimen autoritario, un orden policial, militar, un sistema de control de las poblaciones que se ejecuta mediante el tratamiento sanitario, sedativo de la ciudadanía angustiada a través del suministro de ansiolíticos y antidepresivos, proporcionando a la gente los elementos médicos necesarios para suicidarse de modo aséptico, y, en relación con los inmigrantes, a través de un programa de persecución y confinamiento de ellos en campos de concentración”.

A Theo lo rapta una celula militante (“Los peces”) con el objetivo de que lo ayuden a trasladar a una mujer negra, y al poco andar del film ya sospechamos que se trata de una mujer embarazada, y sobre la cuál habrán tres opciones, la entrega del cuerpo al Estado, el rescate para ser entregado a un proyecto científico-utópico, apoyado por parte de la célula militante, y tres, ya que dentro de la célula también hay divisiones, la apropiación por parte de la célula armada de la mujer. Será un viejo amigo de Theo, un ex hippie y hoy hacker, retirado en su cabaña desde donde lanza campañas políticas de resistencia, quien lo apoyará para huir de ambos intereses (militantes fanáticos y Estado militar). Como vemos, lo que está en juego en el film de Cuarón es el código de la vida y la lucha por su propiedad.

Por su parte, desde un tono que mezcla melodrama y noir, la anécdota de Código 46 sitúa a Willam investigador privado de situaciones irregulares en un caso de falsificación de “visas” de acceso[1], en una empresa que las fabrica. Llevando a cabo la investigación, protege a la persona inculpada María Gonzalez, una joven infiltrada obrera de la empresa, llevándolo a violar el código 46, código que sanciona las relaciones sexuales y la fornicación entre personas que procedan de genes afines o de la misma matriz de clonación.

El ADN, aquí, es el código que regula tanto la creación como la regulación de la vida, pero así también, vía probabilística el reducir las determinantes a la medida de un ecosistema que aminora e inmuniza las zonas de riesgo (la enfermedad, el accidente), hablamos aquí de una biomedicina hecha para preservar y extender la vida de los seres humanos, complementaria a la estructura del ADN . El ADN, también funcionaría, desde un cierto determinismo psiquiátrico/neurológico, para establecer que sujetos podrían heredar rasgos genéticos de criminalidad o locura: el sistema tendería a auto regular, de este modo, su equilibrio desde el origen, complementando esto con las medidas ligadas a medio ambiente y sanitización de los entornos, pero así también a las medidas de seguridad, que se entrecruzan con virus y drogas de inhibición. Así, recursos biomédicos se encuentran con medidas policiales y doctrinas de seguridad. Al igual que Niños del hombre doctrina Militar se cruza con la Médica, para forjar lo que podríamos llamar una inmunopolítica.

Desde aquí, el mundo de Código 46 estaría dividido en dos: aquellos que viven en un mundo en el cual la tecnociencia ha higienizado la existencia humana, donde todo parece ser un solo gran paisaje, un gran continente a lo largo del globo, en el cual los ciudadanos pueden viajar y circular libremente insertos en interiores transparentes, asépticos, clínicos. La otra parte es aquella que no podría tener acceso a este mundo, por su ubicación territorial, su status económico, sus genes biológicos o incluso sus intereses políticos. Es un tercer mundo, sintomático, excluido, que está en un Afuera simbólico e imaginario, pareciera abarcar justamente la zona de lo real: intemperie, suciedad, corporalidad, subsistencia, naturaleza. Y es justamente contra eso que el sistema debe inmunizarse (en el fondo, una idealización por vía de la negación de un tercer mundo que olvida que su existencia esta dada por vía de la explotación de sus recursos naturales, o incluso, parece haberlos agotado).

Podríamos decir que es un sistema que funcionaría en su globalidad (desde sus barreras fronterizas hasta su asepsia biológica) bajo lo que el filósofo Roberto Espósito ha llamado paradigma inmunitario definido como aquel lugar de incidencia en que los discursos sobre el cuerpo de la modernidad- que cruza lo político, lo económico, lo biológico- establece una “protección negativa”, cruzando el umbral que acaba “negando la vida” obsesionado por la idea de "contagio” en todos los planos (del otro, del virus, la enfermedad). Flavia Costa en su texto Antropotécnicas de la modernidad tardía ha definido el paradigma inmunitario bajo el signo de un cierto Racismo de Estado, una tanatopolítica:

¿Cómo se ejerce la función de dar muerte en un sistema político centrado en el biopoder? Mediante el racismo biológico y de Estado (…) El racismo biológico al interior de un Estado cumple la función de introducir un corte, una separación en el ámbito de la vida que el poder tomó a su cargo, para –en nombre de la seguridad, de la pureza de la raza, del mejoramiento de la especie, la supervivencia de los más aptos, la selección del más fuerte– poder dar muerte en tanto poder soberano. El racismo reinserta en el campo biopolítico la relación bélica, pero no contra otro Estado, sino como estrategia que la sociedad ejerce sobre sí misma en términos de purificación permanente y normalización”.

Podríamos decir que ambas figuras del Estado presentes tanto en Niños del Hombre y Código 46 cumplen con este requisito inmunitario, aún con diferencias. En Niños del Hombre abundan las imágenes de precarización de los niveles de vida, y la policía, así como las fuerzas militares parecieran cumplir el rol de contención y represión, para evitar un estallido social (es un Estado en guerra, y esa guerra de razas, clases, agrupaciones ideológicas, sujetos excluidos) es visible, violenta, corpórea, y focaliza su fuerza en los pasos de seguridad y la exclusión absoluta de un “tercer mundo” que como olla a presión intenta ingresar al “primero”. Su poder sigue siendo territorial, por sobre todo, y es así como la metáfora de un tono ecologista- cumple un rol central dentro del film. En el caso de Código 46 el estado parece un ente anónimo, más cercano a ese poder enrevesado, ultra rápido, serpéntico que definió Gilles Deleuze como “control” llevado a cabo por un “lenguaje numérico”, “hecho de cifras que marcan el acceso a la información o el rechazo”, más bien se trata de establecer una línea definitiva y excluyente, entre quienes pueden tener acceso al “sistema”- autoinmune, “soft”, ascéptico, clínico- y quienes no; reduciendo y aminorando la “falla” dentro de él. El Estado de Código 46 es hijo directo de las fantasías tecnocientíficas y su poder afirmativo sobre la vida contemporánea.

Memorias.

Volviendo a Código 46, Maria funciona para William de diversas maneras. Es, por un lado, la aparición de algo que no parece estar en el orden de lo simbolizable, una cierta intuición catastrófica, que desarticula su orden y vida social (bajo una idea de amor romántico, parte de la clave melodramática del film), pero que es a su vez la reminiscencia de lo filial, una membrana maternal. Por otro lado funcionaría también como la activadora inclusiva, una infiltrada que tanto llevaría a cabo la utopía posible de la inclusión como resguardaría una cierta idea de lo político, es decir, sería un puente de conexión con el “inconsciente” tercermundista, aquella incompletud por la vía del cual intuimos que este "Primer Mundo" existe a expensas de un afuera, el potencial de una zona excluida y desconocida. Casi todo lo procedente de las promesas tecnocientíficas parecieran apuntar a este “olvido”, William toma un virus de la empatía y Maria también parece tomar drogas de diverso tipo para condicionar un cierto bienestar. Se trataría de una cierta sujeción ligada al control de los procesos neuronales; que, como afirma Schuster, tienen base en un hecho concreto: las metáforas maquínicas y digitales del funcionamiento cerebral que lleva a cabo la neurociencia contemporánea.

En el mundo descrito por Winterbottom la memoria parece funcionar adherida a dispositivos visuales, impresos como archivos dentro de la historia objetivable, resguardada digitalmente dentro de discos duros pertenecientes a un archivo total de información y la cual es posible de borrar o sustituir en el caso de una información que deba ser borrada para la mantención del orden[2], es el caso de lo que sucede al menos dos veces durante el film, primero a Maria, después de la violación del código 46 a quien no sólo se le ha borrado de la memoria el hecho, si no también algunas de sus actividades de infiltraje y a su vez se le ha inyectado un virus de rechazo a William (es decir: neurociencia y biomedicina)- y luego a William quien hacia el final del relato es perdonado y a quien se le borra su experiencia “delictual” ( así también su zona “tercermundista”, su paso por el Afuera, y su experiencia amorosa con Maria) y vuelto a posicionar dentro de su vida normal con su familia y trabajo. Ha sido vuelto a incluir y se le ha inmunizado. Sin embargo en esta segunda vuelta de tuerca del relato Maria no solo es “expulsada” hacia el afuera, si no que, por un lado, llevará al hijo de William- herencia y reminiscencia de lo filial-, y por otro, estará “condenada a su recuerdo”.

Es interesante esta postulación de una memoria orgánica, inconsciente y corporal, idea que también está presente en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos de Michel Gondry en cuanto una resistencia al borramiento de información. Es esa memoria- actual, orgánica- la que hace un tipo de "llamado"- podríamos decir una cierta intuición catastrófica, una pulsión de muerte- que lleva a cometer actos de subversión contra el sistema, la violación de la norma. Y es también donde están alojados algunos residuos de humanidad y precariedad, ciertas fugas del deseo.

Uno de los puntos fuertes de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos quizás consiste en que es el personaje central quien decide ir a borrarse la memoria de un amor reciente, servicio ofrecido por una compañía especializada, que logra ingresar al cerebro, descifrar la información y borrarla. Digo que es un punto fuerte, porque es una metáfora ilustradora de la supuesta “libre elección” propia del soberano consumidor contemporáneo; una que refiere a una cierta voluntad de poderío, y autoconciencia- demarcada- sobre la propia experiencia individual - una cierta conquista individual-, o la búsqueda de ella. Es factible, proyectable, en el sentido inverso: los usuarios de hoy son capaces de “comprar” o acceder a experiencias complejas de inmersión virtual, simulación de mundos inventados a la luz de la fantasía, o incluso comprar un pack de turismo “safari” en la cuál se asegura que se está adquiriendo una “experiencia inolvidable”. En el otro lado de la punta, encontramos al borramiento de la experiencia como una metáfora presente en cuestiones tan distintas como la programación neurolingüística (para borrar ciertos vicios o recuerdos, renacer de nuevo) hasta el archivo volátil de un pendrive que tanto puede borrarse como volver a grabarse una y otra vez. La metáfora es cruenta y posiblemente diga tanto sobre las representaciones contemporáneas de lo mnémico, como los elementos que la amenazan. Pero curiosamente, si ese elemento – el borramiento de la memoria, el control de la mente, la obtención de información- había sido una fantasía realizada durante la guerra fría, las distintas dictaduras del siglo XX que aminoraron las fuerzas enemigas, intentando controlar “la mente” (metáfora Orwelliana presente en 1984, así como también presente en la terapia traumática de a Clockwork Orange de Kubrick de las cuales Código 46 y sus intervenciones neuronales son una extensión), aquí el complot surge del propio usuario- consumidor, es algo que se infringe a sí mismo, y es en el teatro de la memoria, el espacio psíquico- donde una lucha se lleva a cabo, donde el dolor, ligado a una experiencia, lucha por no ser borrado.

Por su parte podríamos decir que la metáfora de Winterbottom en Código 46 es la idea de un poder sobre los cuerpos de carácter invisible, sutil y codificado. Al respecto podríamos oponer las lobotomías quirúrgicas versus el borramiento de cierta data por vía de una operación digitalizada.

Tecnociencia.

Paula Sibilia, en su libro “El hombre postorgánico” ha hablado de la dos líneas dentro del pensamiento científico, una línea prometeica, ligada a la utopía moderna de la liberación, y de la técnica de un medio para ello, y de la línea fáustica, ligada a la previsión, al control y la definición, cuyas características centrales serían su carácter insaciable, y por otro, la utopía de una liberación de la materialidad del cuerpo, un paradigma tecnológico presente en nuestra actualidad desde diversas áreas que van desde las implementaciones de uso mercadotécnico (dispositivos pequeños, incrustaciones) al medicinal (drogas, cirugías).

En Código 46, Eterno resplandor y Niños del hombre la línea fáustica parece haber logrado aparentemente su cometido, y es el programa el que parece regular la existencia cotidiana y parcelada de los individuos. La idea de programa partiría de la base de una dualidad entre una mente que controla y un cuerpo-materia controlable, definible, en definitiva de una vida no solo moldeable, si no calculable. El ADN, metáfora visible de la utopía fáustica estaría en el centro de una idea del saber, un código con manual de instrucciones, un programa que debe ser descifrado, y a su vez controlado. Pero el programa que piensa sus objetos de forma aislada no puede calcular el error, solo dejarlo fuera, minimizando el riesgo de que el sistema colapse. En la base de la ficción de Codigo 46 se encuentra esta metáfora, ya que es desde ese error- incalculable, incuantificable- desde donde el relato se hace posible, y es también en esa cadencia- o inercia- donde reconocemos un hilo donde algo subsiste.

Mientras Niños del Hombre, en una mezcla de noir y thriller político, hace énfasis en una biopolítica futura, donde la lucha social- entre la ciencia, los Estados y los movimientos sociales- está centrada en la preservación de la vida humana misma, Código 46 y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos enfatizan – una desde el noir, la otra desde códigos melodramáticos – la manipulación del recuerdo, la experiencia subjetiva y el archivo digital. Código 46, a su vez engloba ambos intereses e interrogaciones: por un lado, la mirada puesta en la manipulación de la vida y su posible lugar en los modos de gobernar en el futuro (el ADN, encriptado está al centro de la regulación de la vida social, las inmunopolíticas); por otro, la relación entre archivo y recuerdo, manipulación tecnológica y subjetividad. En los tres filmes nos encontramos frente a lo que Costa, nuevamente, llama un dispositivo genético-informacional, un dispositivo que en conjunto con otros (como el imperativo de la salud y el fitness) se encontrarían definiendo aquello que en la contemporaneidad se entiende por tener una “vida” , de acuerdo a ello, el dispositivo genético informacional tendría que ver con:

Una nueva forma de intervención sobre los cuerpos donde lo que busca ya no es mejorarlo desde afuera, sino de operarlo introduciéndose en él. El cuerpo no es una máquina que tenemos que arreglar, ni tampoco un organismo cuyas funciones pueden ser mejoradas: es un material informado e intercambiable, que puede ser “corregido” y “reprogramado” las veces que sea necesario.”

De este modo, estas cintas presentan imágenes pregnantes, metáforas directas sobre una biopolítica actualmente en curso.



[1] En este mundo imaginado, las visas son específicas para cada viajero, instantáneas, desbloqueadas y unitarias; los ciudadanos están divididos entre aquellos que tienen “pase libre” hacia distintas zonas del planeta, y aquellos que por razones de índole política o médica no pueden pasar el cerco

[2] De acuerdo a Laura Schuster en el film se presenta “una tecnocracia futura, donde el control autoritario y la intervención interfiere en el uso personal de la memoria e información, y donde la posibilidad de manipulación se extiende la falta de fiabilidad de todas la memorias personales en el campo de la información objetiva. Incluso más, el film postula una memoria sustituta o arreglada para errores de coherencia diegética…En: “The Trouble With Memory: Reco(r)ding the Mind in Code 46”,