El pasado Martes 20 finalizó la XVI versión de FICV, tercero bajo la producción general de Bruno Bettati, y en el que su equipo de programación- que cuenta con Udo Jacobsen, Guillermo Olivares, Raúl Camargo, José Luis Torres Leiva, Sergio Gándara, entre otros- pudo ajustar sus criterios de curatoría y selección de la muestra que abarca tanto las retrospectivas monográficas de directores (este año dedicadas al verdadero “autor” español Victor Érice y al animador experimental Bill Plymtpon), las históricas (La retrospectiva del decenio, curatoría que abarca cine de autor, cine experimental, cine documental y de países, en el marco de un repaso por las décadas del ´60 y 70), así como una Selección Oficial de Largometrajes en competencia que contó con películas de procedencias bastante disímiles (Francia, Brasil, Portugal, Estados Unidos, Chile, Filipinas) como de autores "consagrados" - o en vías de, como Ezequiel Acuña o Raya Martin- y una sección Nuevos Caminos que cuenta con una serie de filmes que van desde el cine experimental, al cine ensayo, el video arte y el documental y que tienen en común tensionar el lenguaje hasta sus límites (como la obra de Sharon Lockhart Lunch Break, que cuenta con un plano secuencia en ralenti de 90 minutos). Esto sin contar las diversas competencias, que van desde los cortometrajes a la competencia de escuelas y el recién ajustado e internacional Work in progress con el cual FICV pasa a apoyar directamente la Industria local de producción de largometrajes. Si a esto sumamos las distintas charlas, paneles, master class y lanzamientos- que han incluído la publicación de libros de Jonathan Rosenbaum, Adrian Martin y Kent Jones, destacados críticos que han marcado un fuerte debate sobre la hegemonía cinematográfica - podemos decir que FICV ha definido en muy poco tiempo un perfil que implica tanto la interacción con su contexto económico- productivo - en una gran alianza regional- como la definición de contenidos culturales que puntualizan la especificidad de este encuentro hacia sus zonas de formación y divulgación.
Industria, arte, entretenimiento y educación se dieron la mano en FICV09 y es ese el logro de un festival con ambiciones que apunta a marcar un precedente en Chile conectando hacia el exterior con festivales como Bafici, Tolousse, Rotterdam o Locarno.
Pues bien ¿podemos definir algunos factores que definen el fenómeno FICV? ¿algunas hipótesis que logren dar cuenta de la posible importancia de este evento? Finalmente, y a partir de ello ¿significa por ende que debemos estar del todo optimistas al respecto? Algunos puntos:
Salas de clase, salas de cine. Al mismo tiempo que la crisis del cine parece ser un hecho consensuado globalmente, el porcentaje de estudiantes egresados de cine y audiovisual aumenta en proporciones cada año en nuestro país sin un perfil claro de perfiles de enseñanza ni laborales. Habría que pensar el auge reciente de festivales en relación a esto y desde tres perspectivas.
- Una relativa a la producción de cintas locales: ventana de exhibición y difusión para películas de estudiantes que difícilmente podrían verse de otro modo que encuentran en el festival una salida hacia un público potencial aunque no se estrene en salas (el caso del Festival de Cine B)
- Segundo hay que pensar que la revalorización del llamado cine de autor, experimental o documental en relación con la primera crisis mencionada. Si la llamada Industria del Cine parece obligada a diversificar su oferta hacia nuevos servicios como la red o la televisión los festivales parecen haber comprendido que las Industrias Culturales deben diversificar su oferta ya no pensando en la rentabilidad a corto plazo si no en la sustentabilidad a largo plazo. Esto no asegura vida a los festivales pero si competitividad en perspectiva de sus ofertas programáticas.
- Por último como una ventana al panorama global para espectadores algo cansados de los llamados “tanquetazos” Hollywoodenses, presentando una opción de acceso en un tiempo muy concentrado a lo más selecto del cine llamado “independiente” (el caso más cercano podría ser SANFIC, cuyo posicionamiento desde el 2005 ha sido un aire fresco para el espectador inquieto).
Sin embargo, aunque mucha de esa información puede obtenerse hoy gracias a otras vías no formales la reaparición y éxito de los festivales da que pensar al respecto de si su justificación es la novedad de ciertas cintas o el marco social del festival como “agenciamiento” de un saber- provisorio- que recuerda al cine su verdad como hecho social, como conocimiento socializado, como espacio de conversación dentro de una comunidad de sujetos que comparte una experiencia (hasta los 80´s a eso se le llamó “cinefilia”).
Marcos, marcas. Si aceptamos esto último y hemos entendido que la lógica de los festivales pasa hoy un poco menos por la “obra autónoma” como por la generación de marcos de recepción que potencian un diálogo sobre el cine es en las marcas de programación donde podemos añadir un tipo de valor simbólico que establece tensiones y por ende inscripciones. La programación- así como la crítica- añade al cine un plus que reivindica un campo de conflicto ideológico en la cual operan distintas posiciones estratégicas o, en palabras del sociólogo Pierre Bordieu (a propósito de campo intelectual):
“un sistema de relaciones en competencia y conflicto entre grupos situados en posiciones diversas, es decir un sistema de posiciones sociales a las que están asociadas posiciones intelectuales y artísticas…”
Es así como, en el contexto de un mercado copado por la hegemonía multinacional (que establece en gran parte las Narrativas y por ende los marcos de tolerancia), lo que define el panorama actual festivalero es la potenciación del valor en el marco del debate cultural; la estrategia política dentro del mercado, la transacción y el tráfico de símbolos en el marco de los procesos económicos y sobre todo, la socialización de una cultura del cine que se diversifica en la producción y recepción( géneros, países, narración, experimentación). Es en ese sentido que FICV09 desafía el escenario local: radicalizando sus opciones, marcando expectativas, desafiando al espectador, potenciando el diálogo. Y por todo ello se sitúa como referente.



