Saturday, January 09, 2016

Mis películas 2015



Mi lista de películas del año. Mezcla de vistas en festivales, estrenos en cartelera y otros.

1.- Vicio Propio. Paul Thomas Anderson
2.- Hard to be a god. Aleksei German (la ví el 2014, pero se estrenó 2015 en Muestra UC Europa Ya)
3.- Cemetery of splendour. Apichaptong Weerasethakul
4.- Une jeunesse allemande. Jean Gabriel Periot
5.- Homeland (Irak Year Zero) de Abbas Fahdel
6.- Kaili Blues. Bi Gan
7.- Tiempos Malos- Cristián Sánchez (Chile).  
8.- Surire. Bettina Perut, Iván Osnovikoff
9.-  Mad Max fury road (George Miller)
10.- Ave Fenix (Christian Petzold)
11.- La sombra (Javier Olivera)
12.- Ptit Quinquin, (Bruno Dumont)
13.- Crónica de un comité, José Luis Sepulveda y Carolina Adriazola

Monday, January 04, 2016

Recepciones críticas del Novísimo cine chileno. Discusión en curso...

Recién salido del horno:

"Puesto así, el clima de época, el cine chileno y con él, sus lecturas académicas, habla en términos de una “puesta en obra de un mundo desencantado” (Urrutia: 2013) en cuyo emplazamiento la verdad solo puede ser volver a afirmar una negación (negando su propia producción, negando la negatividad por vía de la afirmación), pero imposibilitado de auto-cuestionarse ni vislumbrar una transformación. El horizonte crítico de esta intervención es situar una posición ideológica en un campo discursivo, pero no re-configurar las relaciones entre las partes, obliterando y negando las condiciones problemáticas, circunscritas al orden de una verdad que se cree y manifiesta como propia. ¿Podremos pensar la crítica un poco más allá de una tribuna estable desde donde señala o afirma una verdad sobre el campo social? ¿Es el cine “en sí” un objeto donde la construcción y la recepción crítica están definidas a priori sin tener en cuenta una articulación contingente? ¿Es la crítica un mero receptor pasivo al momento de nominar, relacionar y leer procesos culturales? ¿Qué lugar tiene la crítica en términos de reconfigurar relaciones estables entre el texto y el mundo social? ¿De qué modo abrir zonas de inestabilidad en la organización de los supuestos y el orden de la Historia así como la hemos conocido? ¿Cómo apropiarse de la tradición- un conocimiento, su historia y la historia de las prácticas- para volverla política en el contexto del cine chileno actual? ¿Desde dónde y cómo pensar las políticas de la subjetividad presentes en el “Novísimo cine chileno”?"

Rupturas, procesos y desvíos. Coyunturas críticas y académicas en la recepción del Novísimo cine chileno. En: Vol. 2, Nº22 (II Semestre 2015) – Faro Fractal Págs. 110-132

LInk http://www.revistafaro.cl/index.php/Faro/article/view/424/288

Sunday, August 09, 2015

Privación de mundo



"Aunque el acecho del capitalismo al sueño sea el tema que desvela al autor lo que le concierne en verdad es el daño que se le está ocasionando a la vida "una privación de mundo". Concurren hacia un nudo que se va cerrando como boa constrictora el afincamiento de una memoria instantánea del presente, un insistente y agotador estado de apremio y deuda que nos acosa cotidianamente y la imposibilidad de establecer identificaciones duraderas y fiables en un mundo en el que todo parece descartable. La conciencia el pasado se vuelve superficial y queda incapacitada para lanzar amarras hacia un porvenir donde los intercambios sociales puedan ser recíprocos y cooperativos. La desprotección, efecto del desmantelamiento de instituciones públicas o privadas de ayuda mutua, suscita un terror difuso que conduce a las personas a meterse solas en la trampa del monólogo unidireccional y en el da la salvación individual, lo que supone una contracción de posibilidades existenciales. El simple acto de compartir o de hacer pausas y detenciones para preocuparse por la suerte de los otros podría volverse una reliquia de otros tiempos. Dado que la aspiracion de todo poder es mantener a la comunidad en estado de balbuceo babélico, es decir, desunida de un modo que haga difícil el socorro y la alianza, resulta imprescindible, cuando aún se puede, meditar acerca de como vivir en una sociedad para la cual todos somos superfluos y prescindibles. Eso requiere un cambio de percepción, un salto al costado de la imaginación política reinante".

Christian Ferrer en la introducción a "24/7. El capitalismo tardío y el fin del sueño" de Jonathan Crary. Un adelanto aquí.

Sunday, June 07, 2015

Boris Groys: La posdata comunista


Tuve un encuentro con este libro de Groys y su idea de un comunismo verbal que pase por transferir la política a la lengua como medio. Pensar "común-mente", pensar-con; de la apertura entre-dos, pensando una huída imposible del monologuismo clausurante y soberano . El puritanismo no sería la crítica a la economía de mercado, si no afirmar la doctrina del "sé tu mismo" encorsetado en la parcelita que te tocó.

"El tema de este libro es el comunismo. El modo de hablar sobre el comunismo depende de lo que se entienda por comunismo. En lo que sigue entiendo el comunismo el proyecto de subordinar la economía a la política para dejar que la política actúe con libertad y autonomía. El medio en el que funciona la economía es el dinero. La economía opera con cifras. El medio en el que funciona la política es la lengua. La política opera con palabras: argumentos, programas y resoluciones, pero también con órdenes, prohibiciones, decisiones y disposiciones. La revolución comunista es la transferencia de la sociedad desde el medio del dinero al medio del lenguaje. Es un linguistic turn en el plano de la praxis social porque no alcanza con definir al ser humano como hablante como lo hace la filosofía moderna sin perjuicio de todas las sutilezas y diferencias que distinguen a las diversas posiciones filosóficas. Mientras viva bajo la economía capitalista, el ser humano necesariamente permanecerá mudo porque su destino no le habla, porque si el humano no es interpelado por su destino, tampoco puede responderle. (…) Recién cuando el destino deja de ser mundo y de gobernar en un plano netamente económico, cuando es objeto de una formulación verbal y de una decisión política desde un principio, como sucede con el comunismo, el humano se convierte realmente en un ser que existe en la lengua y a través de la lengua. El humano accede así a la posibilidad de argumentar, de protestar, de agitar contra las decisiones fatales. Tales argumentos y protestas no siempre muestran su efecto. A menudo se los ignora o incluso se les reprime, pero en sí no carecen de sentido. Tiene su sentido y está justificado reaccionar ante las decisiones políticas en la lengua como medio por que las propias decisiones han sido formuladas en la lengua como medio. Bajo las condiciones del capitalismo en cambio, toda crítica y toda protesta necesariamente carecen de sentido, por que en el capitalismo la propia lengua funciona como mercancía, es decir, es muda desde el origen. Los discursos críticos o de protesta se reconocen como un éxito si venden bien y como un fracaso si venden mal. De modo que estos discursos no se diferencian en nada de todas las demás mercancías, que tampoco hablan (o que solo hablan para hacer autopublicidad).

La crítica del capitalismo no opera en el mismo medio en el que opera el propio capitalismo. Puesto que capitalismo y su crítica discursiva son incompatibles en términos de medio, no pueden encontrarse jamás. Primero hay que transformar la sociedad verbalizándola, para luego poder criticarla con sentido.  De modo que se podría reformular la famosa tesis marxiana según la cual la filosofía no debe interpretar el mundo si no transformarlo: para que la sociedad sea criticable primero tiene que volverse comunista." 

Monday, June 01, 2015

Una respuesta coyuntural: sobre espectadores emancipados y críticas elitistas

Columna aparecida en El Mostrador originalmente. Respuesta a columna "El espectador ignorante", de Roberto Reveco-

Se veía venir esta pregunta de inspiración Rancièrena que cuestiona moldes, discursos y lugares de saber en la crítica a un concepto ilustrado y vertical, aplicado al campo del arte y el elitismo. No hace falta leer con detalle Bourdieu y su estudio sobre el sistema de las artes para entender que el cine, la crítica y la academia juega un rol en la distribución simbólica del poder, pero al interior de esos espacios se juegan distintas estrategias que conviene más bien historizar y visibilizar. Lo digo, porque al respecto del cine tenemos dos trechos en el salto por la pregunta igualitaria, el corto, que sería el “todo por la borda” de los espacios de circulación o el largo, rebobinar y pensar como se ha llegado donde se está. El primero, lleva detrás la disolución de todo marco de discusión donde, en definitiva, se re-organiza el sentido en la defensa de un posmodernismo liberal que no busca definir en rigor los destinos y potencias – artísticas, políticas, expresivas- del cine, o su efecto transformador en el campo social. Mi piso es este y sólo desde ahí puedo pensar políticamente. La discusión es por las estrategias.
Algo de esto quizás ha ayudado  una recepción tardía y superficial de los estudios de comunicación, y básicamente, un postulado respecto a los discursos sociales al interior de las Industrias Culturales, buscando el lugar de los imaginarios populares al interior de la cultura de masas, como es el caso de García Canclini y Jesús Martin-Barbero. El efecto híbrido de la producción cultural es innegable, pero el paso de una época de la cinefilia al internauta no tanto. Es cuando este proceso se cierra, donde la negociación y lucha entre discursos al interior de los campos culturales se vuelve productiva. Lo que queda al centro es la pregunta por la emancipación y las capacidades del espectador. De ahí que la función de la crítica sea el desarrollo del discernimiento desde la toma de la palabra.
No podemos partir desde otro lugar: el cine es un arte de masas. Su vocación democrática estuvo vinculada siempre a la discusión pública de su estatuto. Pero su escena originaria es el debate permanente  y es a eso- esa discusión que se construye a mediano largo plazo en la crítica y el debate público- a lo que llamamos “cinefilia”. Como arte de la modernidad, su vocación política es la apertura y la figura cara a Serge Daney del Chaplin a dos patas: cultura popular y modernidad artística. Las competencias son sociales y no están reguladas por grupos sociales determinados si no abiertas y en constante reformulación.
Cabe más bien pensar las distintas agendas de su discurso público y el espacio que podemos- o no- construir al respecto. Una vez que hay institución, financiamiento, grupos de películas, circuitos de recepción, se convocan también en esta cristalización, espacios de saber cómo son las escuelas de cine, el pensamiento académico y la crítica. Y es este espacio precario donde el debate sobre su estatuto de conocimiento, reflexión y debate, el pensamiento igualitario debe intervenir, desorganizando los supuestos de su “enseñanza” en una zona donde las prácticas no se teorizan y las teorías no se vuelven prácticas, es decir, donde se naturalizan órdenes del sentido para no pensar en polémica y a contra-pelo el estatuto político del cine. Es decir donde prácticas y teorías se han vuelto irreflexivas.
El camino corto es decir “existe elitismo en el cine” sin señalar cuál es el tipo específico de elitismo que reproduce y en qué zonas de su producción contemporánea se abre efectivamente una zona de discusión efectivamente democrática, o el cómo se construye una recepción que abogue por la transformación social y colectiva del cine, incluidos espectadores, cineastas, escuelas, academias. El camino corto es dejarse tentar rápidamente en la identificación de cronologías haciendo comparaciones funestas con lo que sucede en otros ámbitos artísticos (el lugar de la academia), sin someter a evaluación el descampado sobre el que se sitúa (distribución cinematográfica, acceso a otros cines, vinculación a procesos educativos, institucionalización, analizar agentes sociales). En otras palabras: en no saber aplicar a Bourdieu y olvidar la emancipación en Rancière.
La pregunta por la democratización cinematográfica- que implica la toma de palabra, la  circulación y reparto de los recursos, la visibilización del trabajo, el desarrollo del conocimiento y su difusión social- no puede dejar de lado la pregunta concreta y práctica sobre qué formas , qué sentidos, que prácticas, y sobre todo, mucho que nos cuesta, que lugares “performan” socialmente nuestros discursos.
No se juega otra cosa aquí que actitudes intelectuales respecto al qué-hacer en un espacio en construcción, que debe ser el más crítico, evitando la tentación de usar un discurso acomodaticio de una u otra forma a los órdenes discursivos que organiza la agenda técnica, económica y política del poder. Si Rancière nos lleva a lo contrario, es posible que debamos cambiar las cartas en juego.
*Iván Pinto, crítico de cine, investigador y docente. Editor http://lafuga.cl y http://elagentecine.wordpress.com

Saturday, March 28, 2015

Cine chileno 2014: agotamiento y anamorfosis


Pequeño ensayito, casi de difusión, sobre cine chileno del 2014 y una estética y política del agotamiento publicado en enero del 2015. Apareció en El Mostrador y en el blog El Agente, desde donde lo linkeo más abajo.


El agotamiento es tanto una inflexión como un punto de crisis, una zona donde las cuestiones pueden cambiar, extenderse o quedarse estancadas. Como metáfora social es una constante en el cine chileno del último año que está presente en varios niveles y desde distintos tratamientos artísticos: pasa por lo institucional, lo político, como también por las relaciones humanas y por un estado general de pesantez. Ese estado de agotamiento/estancamiento parece estar polarizado entre dos límites. Por un lado el de un trauma que es frontera y clausura y, por el otro, desde la distancia cínica, la posibilidad de un lente anamórfico para poder vernos de otro modo, desde otro lugar.

LINK A TEXTO COMPLETO


Wednesday, December 17, 2014

Revolución del común



"Por «el común» entendemos, en primer lugar, la riqueza común del mundo material –el aire, el agua, los frutos de la tierra y toda la munificencia de la naturaleza– que en los textos políticos clásicos europeos suele ser reivindicada como herencia de la humanidad en su conjunto que ha de ser compartida. Pensamos que el común son también y con mayor motivo los resultados de la producción social que son necesarios para la interacción social y la producción ulterior, tales como saberes, lenguajes, códigos, información, afectos, etc. Esta idea del común no coloca a la humanidad como algo separado de la naturaleza, como su explotador o su custodio, sino que se centra en las prácticas de interacción, cuidado y cohabitación en un mundo común que promueven las formas beneficiosas del común y limitan las perjudiciales. En la era de la globalización, las cuestiones del mantenimiento, producción y distribución del común en ambos sentidos, así como en los marcos ecológicos y socioeconómicos, se tornan cada vez más centrales.
Sin embargo, con las anteojeras de las ideologías dominantes de hoy día resulta difícil ver el común, aunque esté a nuestro alrededor. En las últimas décadas, las políticas gubernamentales neoliberales en todo el mundo han tratado de privatizar el común, convirtiendo los productos culturales –por ejemplo, la información, las ideas e incluso especies de animales y plantas– en propiedad privada.

Sostenemos, uniendo nuestras voces a las de muchos otros, que se debe resistir a tales privatizaciones. Sin embargo, la opinión corriente asume que la única alternativa a lo privado es lo público, es decir, aquello que es gestionado y regulado por Estados y otras autoridades gubernamentales, como si el común fuera algo irrelevante o extinto. No deja de ser cierto, desde luego, que mediante un largo proceso de cercamientos la superficie de la tierra se ha visto casi completamente dividida entre propiedad pública y propiedad privada, de tal suerte que los regímenes comunales de la tierra, tales como los de las civilizaciones indígenas del continente americano o los de la Europa medieval, se han visto destruidos. Y, sin embargo, buena parte de nuestro mundo es común, está abierto al acceso de todos y es desarrollado mediante la participación activa. El lenguaje, por ejemplo, al igual que los afectos y los gestos, es en su mayor parte común y, de hecho, si el lenguaje fuera hecho privado o público –es decir, si porciones considerables de nuestras palabras, frases o partes del discurso se vieran sujetas a la propiedad privada o a la autoridad pública–, entonces el lenguaje perdería sus poderes de expresión, creatividad y comunicación. Con este ejemplo no se pretende tranquilizar a los lectores, como si se diera a entender que las crisis creadas por los controles privados y públicos no son tan malas como parecen, sino más bien ayudar a los lectores a recapacitar su visión, reconociendo el común que existe y lo que éste puede hacer. Éste es el primer paso en un proyecto encaminado a recobrar y expandir el común y sus potencias.

La alternativa aparentemente exclusiva entre lo privado y lo público corresponde a una alternativa política igualmente perniciosa entre capitalismo y socialismo. Se suele asumir que la única cura para los males de la sociedad capitalista es la regulación pública y la gestión económica keynesiana y/o socialista y, a su vez, se supone que las enfermedades socialistas sólo pueden tratarse con la propiedad privada y el control capitalista. Sin embargo, el capitalismo y el socialismo, aunque en ocasiones se han visto mezclados y en otras han dado lugar a enconados conflictos, son ambos regímenes de propiedad que excluyen el común. El proyecto político de institución del común que desarrollamos en este libro traza una diagonal que se sustrae a estas falsas alternativas –ni privado ni público, ni capitalista ni socialista– y abre un nuevo espacio para la política."
Michael Hardt/ Toni Negri: Commonwealth. El proyecto de una revolución del común. (Akal, 2011)