¿Cómo definir en qué consiste la actividad contemporánea de una crítica latinoamericana? ¿Es posible hablar de su existencia, aún cuando los contextos postdictatoriales amenazan permanentemente su actividad? Este texto se centra en los desafíos y posibilidades de la crítica, en el marco del surgimiento de las plataformas web y la apropiación de un escenario público invadido por discursos mediáticos y económicos. Conectando con la historia de la crítica de Chile, lugar desde donde se sitúa el texto, plantea la posibilidad de invertir el escenario, situando un tipo de intervención estratégica que haga hincapié en su actividad “en presente”.
1. Crítica Chilena, dictadura y crisis del espacio público.
Hablar de la existencia de la crítica hoy implica enfrentarse a una serie de desafíos y tensiones implícitas en su actividad, contextualizando su producción en Latinoamérica, y, para acortar camino, en Chile, en la primera década del siglo XXI.
Pero quizás sea bueno hacer un pequeño repaso. Tempranamente, en mi país, la actividad crítica (quizás, a diferencia de otras tradiciones con más anclaje institucional), fue asimilando el ensayo como forma vehiculante de expresión de ideas. Así lo recuerdan Gabriel Castillo Fádic, quien llegará a hablar de las estéticas nocturnas1 y, por otro lado, Grínor Rojo2, quien ha dedicado bastantes textos al tema. Dentro de esta línea, podríamos, quizás, establecer una línea que va desde Joaquín Edwards Bello, pasa por Luis Oyarzún, y puede llegar a Enrique Lihn, al menos como resabios de un pensamiento ilustrado, comprometido con la intervención pública, pero a su vez, con la escritura personal. Un tipo de postura ensayística que, en diálogo con Europa, se construía desde la refracción con una postura, finalmente, americanista comprometida positivamente con un proyecto identitario. No voy a contar ninguna novedad, pero este trayecto, comprometido con el espacio público, el futuro histórico del país, y un posible proyecto emancipador e ilustrado se quebró con el Golpe de Estado de 1973, y su posterior escenario dictatorial. Aquello que hacía posible este tipo de intervención, básicamente, la existencia de un espacio público, apoyado por los medios, un debate de contenidos abierto, y sin prejuicio, pero, sobre todo, el escenario educacional ligado a la política estatal, fue modificado mediante un minucioso tejido técnico, económico y político llevado a cabo por la dictadura e implementado por los arreglos constitucionales (Constitución de 1980) y el plan económico neoliberal, de los llamados Chicago boys, cuestión que ha sido denunciada recientemente por la periodista Naomi Klein3, quien en su reciente visita a Chile fue vetada por los principales medios del país.
Todo esto puede sonar conocido, quizás a vuelta innecesaria, o incluso a discurso de izquierda de exportación algo alejado a las “cuestiones de la crítica”. Me gustaría afirmar, quizás, fehacientemente, que la actividad de la crítica, parece destinada, al menos por estos años, a trabajar estratégicamente y a contrapelo, de los resabios y resacas de la intervención militar que instalan el clima cultural del período transicional y “post-transicional” de estos años. El proceso de re-democratización parece ser un proceso lento, lleno de zonas de peligro, debido a los distintos amarres y compromisos adquiridos previamente por la concertación de partidos políticos en su pase con la dictadura. Este clima, de arreglos y convenciones, donde el consenso cancela todo acercamiento a la política, donde la criminalización del movimiento social es pan de cada día con un Estado que demuestra su fuerza frente a la sociedad civil, pero se liberaliza frente al mercado y, donde los medios periodísticos en papel a manos de un monopolio familiar de claro compromiso por un lado con el mercado y por otro con el pensamiento conservador, es el clima en que se desenvuelve la cultura, en Chile, hoy.
Hablar de este escenario político y mediático, en perspectiva de la crítica, es relevante por cuatro razones básicas:
- La crítica es una intervención en el espacio público4
- En Chile este espacio público se encuentra amenazado, por un lado, desde las políticas privatizadoras de la cultura, y, por otro lado, a la conversión de la cultura en patrimonio del Estado
- Los medios periodísticos parecen ser los únicos habilitados para decir algo sobre el “presente” de la producción cultural, asimilando pasivamente dentro de su agenda la circulación transnacional pre-diseñado por grandes compañías
- La academia ha retrocedido en su intervención pública, cuestión que es consecuencia tanto de la privatización de la enseñanza superior, como del mercado internacional cada vez más lleno de especialistas y que, a grandes rasgos, segmenta y parcela la producción cultural de su escenario de intervención pública.
Aquello que se conoce por crítica dentro de este escenario, se encuentra dividido en dos líneas básicas: la crítica académica, con sus respectivas publicaciones e investigaciones (y que, como bien ha escrito Rojo, no puede sacarse de encima la perspectiva científica) y la crítica periodística, cuya pauta central la determina la política editorial del medio de turno y el mercado de productos culturales (como ocurre en casi todo el mundo, la crítica de cine es la principal afectada al respecto de esto último). En resumen: no existe un espacio de intervención en “presente”, sobre la circulación y valoración de obras, que tensione su academización, o mercantilización.
La diversificación del consumo cultural, a su vez, es un fenómeno relativamente nuevo, en el marco local, parece ir en desfase de una “ausencia” de política cultural clara. La cultura parece estar en una zona cero: nadie sabe qué decir o qué hacer al respecto, las nociones legalistas, conservadoras o liberales, se mezclan al momento de juzgar un determinado producto o circulación cultural. En este sentido, el trabajo de los medios periodísticos (de una histeria ideológica que a veces abruma), es confuso y determinante al momento de enmarcar y definir qué concepción de cultura se difunde. Quizás el caso más notorio sea el de Artes y Letras, el suplemento semanal de El Mercurio, que tiene una circulación específica (público segmentado) pero al ser uno de los pocos medios culturales de mayor circulación preocupa que conforme una visión de carácter conservador, donde ciertos temas jamás serán abordados, y donde la línea editorial tiene que entenderse como la transmisión de una cierta idea de cultura, ligado a bienes simbólicos, estratos y divisiones sociales (Alto/Bajo, por ejemplo). Por otro lado, la prensa establece una agenda del presente, en el cual, por un lado las ideas de noticia y novedad son leídos bajo un tamiz de índole cualitativa en lo que respecta al producto cultural inserto en un mercado de bienes simbólicos. El discurso sobre lo cultural, visto desde aquí, no puede ser ingenuo. Se ha trabajado poco en torno a este tipo de desfases, que en contextos como el chileno, de marcada debilidad institucional, la poca claridad al respecto de los criterios de legibilidad al respecto del mercado cultural, ayuda a una confusión general que se extiende hasta los escasos financiamientos estatales para la cultura.
Lo que discutimos, entonces, tiene que ver con el qué-hacer frente a esto, qué medidas tomar, y, sobre todo, el sentido de estar ligado a la actividad crítica (hoy), cuando esta, en el medio de un terreno inestable, multiplica sus funciones, pero, así también, sus formas de integrarse con y en el campo cultural, buscando estrategias de conformación en un día a día en que “nada” pareciera avalarla.
2. La Revista de crítica cultural y la transición democrática
La aparición de la Revista de crítica cultural se transforma en un referente ineludible para empezar a abordar el nuevo escenario de la crítica. La publicación liderada por Nelly Richard, con una amplia gama de colaboradores a nivel local y global aparece a inicios de los años 90, acompañando y tensionando el escenario público instalado por la agenda política y mediática. Básicamente, los postulados-base, tanto de la revista, como de los ensayos publicados por Richard, siguen manteniendo vigencia, respecto a una forma de entender la crítica cultural como intervención en un debate público, así como para pensar en la crítica latinoamericana en tensión con los saberes. En un conocido ensayo, Richard llega a escribir sobre los desafíos de una crítica latinoamericana, que asumimos, aún hoy, pertinentes, en él llega a decir:
“Activar esta diversidad de articulaciones heterogéneas mediante una práctica intelectual que desborde el refugio academicista para intervenir en los conflictos de valores, significaciones y poder que se desatan en las redes públicas del sistema cultural, formaría quizás parte del proyecto de una crítica latinoamericana que “habla desde distintos espacios institucionales y que lo hace interpelando a diversos públicos”: una crítica que busca romper la clausura universitaria de los saberes corporativos para poner a circular sus desacuerdos con el presente por redes amplias de intervención en el debate público, pero también una crítica vigilante de sus lenguajes que no quiere mimetizarse con la superficialidad mediática de la actualidad; una crítica intelectual cuya voz, entonces, se oponga tanto al realismo práctico del saber instrumentalizado de los expertos como al sentido común del mercado cultural y a sus trivializaciones comunicativas. Hay espacio para ensayar esta voz y diseminar sus significados de resistencia y oposición a la globalización neoliberal en las múltiples intersecciones dejadas libres entre el proyecto académico de los estudios culturales y la crítica política de la cultura”
Como he dicho más arriba, el escenario estratégico propuesto por Richard, es ineludible, y obliga a enfrentarse a la actividad crítica, no solo con cautela, si no, con un alto grado de conciencia relativa a las prácticas discursivas y escriturales, conectando distintos escenarios de producción textual, ligados a diversas zonas de pensamiento que se dan cita aquí, tanto importantes secciones del pensamiento feminista, como del debate poscolonial, la deconstrucción francesa, como disciplinas de la diversa índole en las ciencias sociales que van desde la filosofía a la antropología, desde la sociología al psicoanálisis y la semiología.
Ahora bien, para mi generación la consolidación académica e institucionalización del grupo ligado a la revista, se ha transformado en algo evidente, llegando a ser, a estas alturas, el único referente a nivel de producción y gestión, con publicación en papel y una circulación amplia a nivel del campo cultural nacional e internacional, logrando establecer una estrategia de gestión editorial a largo plazo. En un escenario en que múltiples publicaciones de revistas de crítica mueren antes de un segundo número, y en el marco de un discurso resistente a la mercantilización, mediatización, y academización de los discursos, La revista…ha tendido a transformarse en un verdadero “centro” de producción escritural, monopolizando gran parte de los debates de la crítica, siendo a la vez punto de partida e impedimento para pensar nuevos escenarios de intervención. Cuando ello deja de ser un mero espacio de producción de texto, y, podemos ver, junto con su enorme aporte, una serie de movimientos que van desde el campo intelectual a la academia, así como la demarcación clara y definida de una agenda temática, cabe preguntarse por la pluralidad del campo de la crítica, así como el “qué queda” para los posibles nuevos escenarios críticos.
El criterio de entrada comienza aquí, de algún modo con las zonas, quizás por algún lapsus, rezagadas de la publicación en papel (sobre cine, sin ir más lejos, que ha tenido escasa mención), con la constatación de la necesidad de pensar otras formas de intervención en el debate cultural, la posibilidad de abrir lugares y formas del decir y el pensar que retomen el momento vivo del presente, en cuanto estrategia, circulación y valoración de la producción cultural.
3. Crítica en internet, desafíos y estrategias
Desde hace tres años edito el website de crítica de cine http://lafuga.cl, una “revista virtual de cine” como nos gusta decir, que recibe cerca de 350 visitas diarias promedio. La decisión de ser “virtuales”, antes que “reales”, al igual que una serie de intentos que coexisten en este momento en Chile5, tiene directa relación con el establecer un plan de gestión a largo plazo, así como, la convicción de que la web es un recurso no sólo útil si no necesario para la producción crítica, debido a su ventaja de acceso, así como a la interconectividad, la hipertextualidad, y la posibilidad de establecer redes sociales de conocimiento utilizando las posibilidades que ofrece la web.
Es cierto que se trata de otro escenario, respecto a las revistas en papel y su salida a kiosco (como podría ser el caso de una revista como El amante en Argentina), pero, cabe decir, que el proceso de conformación de público lector de medios culturales, se encuentra en desventaja frente al déficit educativo y la fuerte arremetida mediática de la prensa y la televisión y como forma de funcionamiento, ha acarreado algunas ventajas, al respecto de un posicionamiento, que, creo, jamás habríamos obtenido de otro modo. Por cierto, jamás se habría abierto un espacio desde las instituciones, de la academia o los medios ya instalados.
3.1.- Tribus y lenguajes específicos
En primera instancia, la web funciona a partir de contenidos específicos que muchas veces, mediante un buscador, un usuario requiere. Este contenido específico puede estar situado en un sitio web de cualquier país, y si el usuario busca información en su idioma (por ejemplo, español) las opciones se reducen. Esta lógica, tan básica, ayuda a crear públicos cautivos, es cierto, pero primero da cuenta del cambio en cuanto al tipo de lector que llega al website. Un lector, como recuerda García Canclini6, posiblemente ligado a otros grupos de usuarios mediante gustos específicos, lenguajes a veces autoreferentes, verdaderas “tribus”, a las cuales, para acceder, hay que conocer un lenguaje, posiblemente, un par de referentes. Ahora bien, existen muchos websites que funcionan solamente dentro de esta especificidad, es el caso de los cientos de foros, por ejemplo, sobre cine asiático contemporáneo o música dub electrónica…el estilo del mundo parece haberse diversificado lo suficiente como para que la sola idea de un “espacio en común”, haya sido abandonado, ¿se trataría solo de usuarios y consumidores?. Si seguimos a García Canclini, pareciera que sí: la ciudadanía habría cambiado de prioridades y la aparición de la web parece haber radicalizado el movimiento en torno a los cambios en los lectores y espectadores de textos e imágenes mediante la llamada convergencia digital. En el texto citado García Canclini se pasea por la superficies pantalla y los cambios a nivel de hábitos de consumo (por ejemplo, en el paso del cinéfilo, al videófilo y el fin del paradigma ilustrado de clasificación), la relación entre internet y ciudadanía (a partir, por ejemplo, de movimientos de usuarios en defensa de su derecho a la privacidad y a los movimientos de software libre), o las nuevas tribus al respecto de “gustos”, “estilos” y “lenguajes” que se dan cabida en internet. En este nivel es imposible no dejarse llevar por la seducción que se encuentra entre la permanente actualización de los nuevos escenarios tecnológicos y la transacción avanzada de mercancías que olvida la demonización muy propia de cierto pensamiento ilustrado de izquierda. Este primer punto, es ya un punto de comienzo completamente diferente, respecto a la relación entre un website y una revista de papel. ¿Debemos asimilar pasivamente la acción del mercado y las nuevas tecnologías? ¿abandonaremos, definitivamente, los sistemas clasificatorios ligados al pensamiento ilustrado? ¿o nos aferraremos a ellos? En estas disyuntivas, me gustaría situar un primer desafío. Lejos de creer que en la web no se lee (un primer mito que suele circular y reproducirse), creo que se está leyendo mucho, y el desafío que ofrece para la crítica se encuentra en cómo hacerse cargo de los cambios ocurridos en este lector, proponiendo, a su vez, modos diversificados de lectura y escritura.
3.2.- Cuestiones de agenda
Un ejemplo al respecto de esto: ¿debe un website de crítica de cine estar a tono con todos los estrenos de sala? ¿o debe abandonarlos para referirse a lo último del mercado que jamás llegará a estas latitudes? ¿Y depende su actividad sólo de las llamadas “reseñas”? ¿su agenda depende de aquello que ofrece el mercado? Muchos de los website de música y cine han asimilado pasivamente el mercado cultural local y global, sin proponer espacios de tensión al respecto de ese consumo, sin contraproponer, otros modelos de lectura, más allá de la reseña, o la profundización en temas, lecturas o, incluso, literatura especializada sobre el tema. ¿A que apunto? A que la web apunta a pensar estos desafíos de una forma productiva, a veces concediendo más hacia la agenda del mercado cultural (justo después de un festival de cine, por ejemplo, o de un estreno del cuál “hay” que hablar), pero la crítica no se acaba ahí, evidentemente, los espacios de significación, o historización son, todavía, una tarea urgente que no deja de estar en la agenda crítica. Por otro lado ¿la crítica solo debe hacerse cargo de la calificación y clasificación respecto de una obra? ¿o permite otras lecturas, asociaciones, “linkeos”, disgresiones, lecturas cruzadas referida a un aspecto de la obra?.
3.3.- Escrituras y lecturas cruzadas
Otra cuestión: crítica, saber y academia. ¿Qué tipo de escritura llevar a cabo? En el marco de un diálogo inexistente entre los textos procedentes de la academia y el mercado cultural, la crítica ofrece un momento único para establecer esos diagramas de saberes cruzados, y la web su plataforma. Esto puede ser llevado a cabo de muchas formas, desde la mantención de esferas separadas (comentario, ensayo, monografía), como de establecer cruces ensayísticos (“bricolage”, como gusta decir a Grínor Rojo, recordando los orígenes “pre especializados” de la crítica) dentro de un mismo texto. Mi experiencia como editor, pasa por una cacería permanente de nuevos colaboradores y textos, donde me encuentro no sólo con destacados académicos, que realmente creen que es necesario salir de la circulación “cerrada” de la publicación especializada, si no también con bloggers que publican anónimamente textos, reseñas y reflexiones en torno a algún autor o tema ligado al cine…Lejos de creer, como señaló Horacio Gonzalez en una revista Ñ hace un tiempo, que el blog tendrá salida solo en el momento en que se genere una contraesfera pública, creo que esa “contraesfera” de escrituras ya no podría ser llamada “crítica” ni tampoco “intelectual”; las ventajas que ofrece para crear cruces, pero así también, niveles de lectura, que pueden ir del diario personal a la lectura en clave irónica, todo ello, enriquece un escenario que ya no podría ser referido a un pensamiento centralizado, si no ubicuo, hábil, disgresivo, en movimiento, donde, sí, la “crítica”, posiblemente también se encuentre cambiando.
3.4.- Más allá de los centros
Nos hemos referido a la relación entre calificación/clasificación y mercado cultural, así como a la posibilidad de cruzar niveles de escritura y saber. Creo que si tuviera que definir un tercer eje de acción, ligado a los cambios ocurridos en el ámbito del arte, y, como es mi caso más específico, el cine, en los últimos años. Jonathan Rosenbaum, destacado crítico norteamericano, ha escrito un libro que podríamos considerar pionero en cuanto a establecer una actividad crítica “en presente”7. De una tradición muy diferente a la nuestra, Rosenbaum ha escrito un libro en el cual analiza no sólo “la forma en que los medios y las distribuidoras determinan el cine que podemos ver”, si no que, de paso, ha criticado fuertemente una cierta atmósfera cinéfila reticente a hacerse cargo de los cambios ocurridos en el cine durante los últimos años, llegando a hablar incluso de “la muerte del cine”. Rosenbaum se refiere, concretamente a algunos discursos melancólicos, que a inicios de los ´80 extrañaban la escena de los “grandes autores”, como Fellini, Truffaut o Antonioni, frente a lo cual se pregunta ¿hemos visto todo el cine que podríamos ver para declarar una muerte? ¿qué es lo que impide que lo veamos? ¿y no se encontrará cambiando lo suficiente como para que las grandes teorías del autor u otras ya no alcancen a encontrarlo? No creo exagerar en estas “pérdidas de vista” del cine: no se trataría sólo de formas de narrar, si no que también, geopolíticas, sistemas de producción, mutaciones, hibridaciones, formas de consumirlo; desde todos lados, el cine parece estar llegando un poco más acá o un poco más allá del cánon de la “política de la forma”. Dar a conocer estos cines desconocidos, que son marginados de las grandes transnacionales, quizás escasamente mencionados en la agenda periodística, podría ser también un desafío en el que creo concuerda toda revista de cine contemporánea.
Angel Quintana, crítico y teórico español, en la introducción a otro libro8, da cuenta de una situación similar que estaría entre los confines de la teoría del cine (desde la teoría de autor a la narratología), y el surgimiento de los Cultural studies por doquier se vea en la escena académica. Quintana es enfático al momento de criticar a estos ultimos por “crear una determinada base metodológica débil que ha acabado siendo excesivamente mimética del papanatismo norteamericano”(Quintana 2004, p 18); suma a esto dos quiebres en la teoría, el quiebre con el “genio romántico” (del cual la política de autor había llegado a ratos a establecer una continuidad), y la crítica del “centro” y una reconsideración de los mal llamados “cines periféricos”…aunque Quintana enfatiza la aparición del cine asiático, como el momento central de un giro ocurrido en los últimos años (y a nosotros nos gustaría ser enfáticos en nuestra calidad de lectores y críticos desde y en Latinoamérica, donde se suman varios desplazamientos en cuanto centro y periferia, cuestión que ha detallado Nelly Richard en varios textos), lo que si se hace importante es el hacerse parte de este giro cultural en el cual la crítica puede jugar un rol esencial: “Hoy, el gran reto reside en apuntalar, sin prejuicios, un conocimiento reflexivo del arte que sea capaz de combatir la marginación a que son sometidas determinadas culturas frente a los excesos de la seudocultura tecnocrática”9.
En nuestra agenda deficitaria, podríamos sumar, no solo dar cuenta de los cambios producidos en el cine en los últimos años, sumando a ello los cambios en las tecnologías de la imagen, a nivel de producción y difusión (también dentro de la agenda cinematográfica, como hemos visto recientemente con Brian De Palma); me gustaría recordar desde aquí que incluso la revista Cahiers desde los años ´80 viene criticando televisión, y hoy en día, incluso, imágenes de guerra aparecidas en Youtube. Sumo a esto, la falta de institucionalidad de nuestras realidades10, que obliga a hacernos cargo de investigar, pero así también, de educar a posibles espectadores de cine, aunque este tipo de enseñanza dudo que pueda seguir teniendo a la linealidad como eje central.
4.- Conclusiones.
Así visto, el escenario de la crítica parece un poco más complejo que aquello que prometían nuestras realidades circundantes, especialmente ligadas a su rama académica y periodística. Como intenté dejar claro, el punto de partida, tiene como énfasis central, la capacidad de establecer un tipo de discurso que pueda movilizarse estratégicamente en distintos estratos y niveles, re-conectando agendas locales y globales, discursos académicos y no-académicos, cinematografías conocidas y desconocidas; pero así también, ocupando un lugar que enfatice su intervención en el espacio público, las políticas estatales y mercantiles de la cultura, utilizando los recursos y posibilidades de las plataformas virtuales. En la perspectiva de una crítica que pueda hacerse cargo de los distintos cambios ocurridos a nivel de escritores, lectores y espectadores, pero así también, en las obras cinematográficas, creemos que es este espacio de acción en el que, por sobre todo discurso fúnebre, la crítica puede establecer un espacio de ganancia de la cual salga revitalizada, posiblemente, lo suficientemente afectada, como para que resulte irreconocible.
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